
Las cosas pasan y derrepente cuando te das cuenta no tienen vuelta atrás. De nuevo te encuentras con las manos totalmente vacías y sin saber que hacer. Surge la necesidad de no hacer nada y retorcerte en tus pensamientos y recuerdos.
Desear que todo sea una mala pesadilla ni siquiera sirve de algo, ¿y afrontarlo que te aporta? Puedes seguir viviendo, si, sigo respirando y sigo pudiendo hacer todo. Pero falta algo y saber con seguridad que nunca más lo tendrás es de las cosas que más duelen.
No quiero retorcerme en recuerdos, ni quiero ir andando y recordando las huellas que quedan por cada camino, y todas las cosas que sin querer guardan ahí algo, algo que en tan solo un momento te obligan a cerrar y guardar, que evidentemente no volverá a pasar. No quiero olvidar, no quiero sentir el tiempo curando.
Perder, perder y perder cosas. Dicen que cuando pierdes por otro lado ganarás algo, ¿pero que pasa si tu no querías perder ese algo y que ni siquiera te dan el derecho a aferrarte a ello ni luchar?
Muchos se creen que soy débil y apenas lucho por lo que quiero, pero les sorprendería saber que puedo llegar a ser como una gran roca clavada en el suelo. Otra cosa es que no entiendan las cosas que me hacen luchar. Yo no lucho por mi orgullo, yo no lucho por mis hobbys, yo lucho por lo que necesito. Lucho por lo que me hace sentirme como una persona, una persona natural, simple, libre y si es posible feliz.
Dicen que los grandes artistas, la mayoría, son almas perdidas o espíritus que se retuercen en sus pensamientos. Y en estos momentos lo único que quiero es eso, vaciarme a mi mismo y dejarme llevar por eso. Por el arte. Por todo tipo de arte.




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